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miércoles, 16 de febrero de 2011

http://www.palanteproducciones.com/2010/11/18/la-caseta-con-consola/
y aquí mas:http://www.palanteproducciones.com/category/la-caseta/

viernes, 15 de enero de 2010

¿Qué es especismo?

Me preguntaban hace poco en qué consiste la discriminación conocida como especismo. Las definiciones que TSA ha preparado para las nuevas ediciones del Diccionario de lengua española de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) son las siguientes:
especismo 1. m. Discriminación hacia aquellos individuos que no pertenecen a una cierta especie. especista 1. adj. Perteneciente o relativo al especismo. 2. adj. Partidario del especismo. U. t. c. s.
Como otras discriminaciones del mismo corte (sexismo, racismo), el especismo entiende que hay ciertos individuos (en este caso, animales no humanos), que por el hecho de ser morfológicamente distintos al ser humano, han de ver sus propios intereses (de asociación, de ir donde les plazca, de juego, de solaz físico) socavados para plegarse a lo que arbitren los discriminadores.
Óscar Horta explica que la cuestión de la consideración moral de los animales no humanos ha sido tratada a lo largo de la historia de manera muy puntual y marginal; a mí me gusta matizar que ha sido tan puntual y marginal como recurrente. Para llegar a una conclusión o a otra, en toda época ha habido alguien que ha pensado, con mayor o menor intensidad, con más o menos calado, en la relación que los seres humanos mantienen con el resto de los animales. La reflexión ha podido hacerse desde el plano religioso (en un espectro que abarca desde Pitágoras a los jainistas, desde los ascetas budistas o cristianos hasta Gandhi), del derecho (está presente una reflexión en Tomás de Aquino, que Francisco de Vitoria no olvida; el autor arábigo de la Disputa entre los animales y el hombre —planteada en forma alegórica y de querelle— es otro de sus ejemplos) o literario (nadie puede olvidar el caballo de Dostoyevski o la ostra parlante de Voltaire, o las bestias manchadas de sangre en la obra de Plutarco), pero lo que viene a ser claro es que algo está mordiendo en la conciencia del hombre justo cuando piensa en qué estamos haciendo con aquellas especies que no son humanas.
Desde hace poco tiempo, apenas algo más de treinta y tres años, desde la bomba intelectual que supuso la publicación de Animal Liberation, de Peter Singer, el enfoque animalista ha ido derivando poco a poco; las posiciones anteriores, que se detenían en los deberes por compasión o benevolencia hacia los animales no humanos bajo nuestro poder (en el más puro aspecto ético kantiano) y la clase de trato dado a los animales no humanos al utilizarlos, han virado al cuestionamiento del derecho de los humanos a usar, como si fuesen objetos éticamente irrelevantes, a los animales no humanos.
Este derecho de uso, inserto en toda cultura humana, se hace en virtud del especismo: la firme creencia —basada en un prejuicio y que no se apoya en motivo racionalmente defendible alguno— de que los animales no humanos están aquí a nuestro servicio, que no tienen intereses propios, que ni sienten ni padecen y que, por encima de su voluntad, ha de primar la nuestra.
Así, el especismo hace referencia al principio ideológico en el que se amparan todas las actitudes deplorables que el hombre tiene con el resto de los animales: desde prender fuego a gatos a colocar a delfines en acuarios para el solaz de la gente; desde catalogar a los animales vacunos como cosas que se comen hasta emplear a otras especies para que nos hagan compañía (eso sí, siempre en el modo que nosotros queramos). El resultado más evidente del especismo es que los animales pasan de ser seres autoconscientes y con intereses a objetos manipulables, cuyos intereses no se tienen en cuenta, que pueden ser poseídos y comprados como mercancía. Para decirlo más clara y crudamente: gracias a esa discriminación, pasan a ser nuestros esclavos.
Para el mismo autor, especismo es:
(…) la discriminación de aquellos que no son miembros de una cierta especie (o especies). En otras palabras: el favorecimiento injustificado de aquellos que pertenecen a una cierta especie (o especies).
Y culmina escribiendo:
El especismo ha sido definido en ocasiones como un trato desventajoso (o una consideración desigual) basada únicamente en la pertenencia a la especie. O un trato o consideración que favorece a los miembros de una cierta especie (o de varias especies) en función de factores que no tienen que ver con sus capacidades individuales. Estas definiciones, sin embargo, no parecen adecuadas cuando son contrastadas con la consideración que comúnmente reciben las distintas defensas de las discriminaciones intraespecíficas. Aquellas posiciones que defienden que los humanos varones o de ascendencia europea poseen determinadas capacidades individuales y que por ello deben ser favorecidos son comúnmente tildadas, si el criterio apelado es moralmente injustificado, de sexistas y racistas. Tomemos, por otra parte, la discriminación que han sufrido a menudo aquellos con síndrome de Down.
Ésta no es considerada de manera distinta según sea defendida sin aducir ningún argumento o sobre la base de que no poseen determinadas capacidades. No hay motivo alguno, pues, para conceptualizar el especismo de modo diferente.
Cabe también indicar que esta definición implica que una diferenciación justificada que distinga entre los miembros de especies distintas no será especista (al igual que no es sexista, por ejemplo, defender que las mujeres, y no los hombres, puedan tener derecho a atención ginecológica). El especismo, por definición, es una posición moralmente injustificada.

martes, 29 de diciembre de 2009

Veganismo

El veganismo es consecuente: si alguien quiere ser respetuoso con los animales (tanto humanos como no humanos) y sus intereses, evita realizar acciones que los lesionen. De este modo es contrario a toda acción que conlleve su uso como mercancía, como materia prima o como banco de pruebas, sea del orden que sea. Un vegano, como ya casi todo el mundo sabe, se alimenta de vegetales (cereales, legumbres, hortalizas, verduras, frutas y frutos secos); no viste ropas o complementos sacados de algún modo de los animales, ni emplea productos de limpieza o higiene personal que contengan elementos de origen animal o que hayan sido testados en ellos; tampoco asiste a espectáculos o fórmulas de diversión en las que se usen animales. Como vemos, es algo mucho más amplio que el vegetarianismo, dado que su territorio se extiende más allá de la alimentación y son otras las motivaciones en las que se apoya.
El veganismo es un primer paso y una elección particular que, desde lo cotidiano, pone las bases para tener con los animales un trato justo. Sin duda, hay quienes prefieren traspasar estas bases e ir un paso más allá. Los activistas veganos animalistas son uno de sus ejemplos. La difusión y la concienciación no es un episodio menor. Para bien o para mal (en este momento, para mal), la situación, su integridad depende en gran medida de lo que hagan los humanos. En el caso de que las personas no sean conscientes de que en su día a día hay mucho que pueden hacer por ayudarlos, la espiral de uso, de explotación y de muerte de los animales proseguirá. ¿Es esto lo que queremos?
Es algo harto curioso que ser alguien decidido a mantener una relación más ética y más justa con los animales no humanos me haya convertido en un profesional de la palabra para los humanos. Sé dónde está el problema, no obstante, y sé de la utilidad que tiene aportar elementos de reflexión en cursos y conferencias. Quizás sea por mi particular manera de entender el activismo, o quizás lo veo más claro dado que es la zona por la que más me gusta desenvolverme. Hay una gran alegría en poder colaborar en una reflexión común, en una sala, mientras se conversa —alegría que no debieron ignorar Platón o Aristóteles. El jueves 29 de marzo, Rosana y yo estuvimos en La Vall d’Uixó (Castellón) explicando en el Casal Jaume I qué significa especismo y qué es el veganismo. Y al final, cena con todos los asistentes. Cena vegana, por supuesto, de la que no quedó nada en los platos.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Fiera corrupia

Lo difícil no sería tratar de persuadir a quienes contemplen la imagen de que la primera de ellas no retrata a un wolverine, a un Demonio de Tasmania o a una fiera brotada de una pesadilla; lo complicado es explicar que ambas fotografías son del mismo individuo y que en la primera de ellas, andaba jugando amistosamente con la persona con la que vive. Descártese, por tanto, todo temor a que el monstruo terminase devorando a ser humano más. Las cámaras, ya se sabe, son a veces traicioneras y engañosas, y en lugar de presentar a un cachorro en plena diversión, se complacen en capturar a una fiera corrupia.
No llega aún a los cuatro meses. Angelito.